En la oscuridad del estudio, la música clásica que tanto amaba parecía traicionarlo entre suaves y esperanzadoras melodías, melancólicos tonos, y a su vez lúgubres y tajantes estribillos. Recostado en una esquina, aferrado a una botella de vino, yacía un escritor que había probado el mayor fracaso en toda su carrera, lamentándose y llorando por todo aquello que había tratado de alcanzar, y que ahora no eran más que sueños.
En la profundidad de su mente imaginaba pequeños diablillos ocultos bajo los muebles o entre sus libros, haciéndole burla de sus fracasos. Todo estaba perdido, años de esfuerzo se habían resumido a un día de fracaso completo, y por más que tratase jamás podría reponerse de esto.
Caía en la devastadora oscuridad: al mismo ritmo que la luna, llena brillante y majestuosa, surcaba los mares de nubes y adornaba con su simple presencia el ya hermoso cielo manchado con estrellas.
-Y qué más da, todo aquello en lo que eh creído ahora yace muerto a mis pies, todo aquello por lo que eh trabajado son simples ilusiones, fantasías absurdas. Por más que me esfuerce… nada cambiara- se auto compadecía a si mismo mientras la música de aun sonaba.
-Realmente no es tan malo, simplemente tengo que volver a intentarlo. Al fin de cuentas si eh llegado a este punto que mas da-
Se repetía a sí mismo una y otra vez palabras de alivio, para sanar su ego herido, para tratar de recuperar un poco de su orgullo y coraje para seguir adelante. Sin embargo, una terrible angustia aun abrumaba su mente. Parecía como si fantasmas ocultos entre las sombras, le robaran toda esperanza de continuar, contradiciendo sus propias ideas y negándole una segunda oportunidad.
Al levantarse, lo primero que observo fue un viejo espejo que colgaba junto a una enorme ventana, por la cual se colaba la luz de luna, no pudo evitar ver su reflejo y sentir miedo por lo que veía
–Pero en qué clase de bestia me eh convertido, todo por alcanzar mis ambiciones, y ahora un simple fracaso me hace perder todo, entonces nada de lo que eh creído es verdad. Todo es mentira! Yo mismo soy una mentira!!- mirando fijamente a los ojos de su reflejo, el hombre no pudo hacer más que dejar salir amargas lagrimas de desprecio hacia sí mismo
Trato de tomar un poco de aire, recogió con sus manos su cabello, y volvió a mirarse en el espejo -¿dime, quien eres extraña criatura que esta frente a mi?- pronuncio de forma sarcástica, sin esperar cual sería el resultado.
.-Yo soy la locura.- una voz macabra se escucho haciendo eco en el fondo de la habitación. - Aquello de lo que tú quieres escapar con toda tu alma.- Aterrado y desconcertado, no hizo más que dar unos pasos atrás. La fúnebre voz continuo - Aquello a lo que temes en la oscuridad. Yo soy la pena absoluta. La demencia más grande. Yo soy la locura libre!... Aquello que tú temes pero que está implícito en ti, y en cualquier ser humano. Yo soy la locura"
Sus ojos no podían ocultar el miedo, al ver como oscuras sombras rodeaban su reflejo, y a la vez que el miedo le sugería discreción, su curiosidad le hacía preguntarse que era “locura”. No podía dejar pasar la idea de que esta posiblemente sería la respuesta a todos sus pesares. Al fin de cuentas, que mas podría perder.
Se acerco lentamente al espejo, estirando sus dedos esperando sentir algo al tocar el espejo, sin darse cuenta vio como el primer rayo de sol de la mañana cruzaba por su ventana. Todo había terminado, había bailado con la muerte y ganado, por lo menos esa noche.
Se tenía la creencia de que si una persona no olvidaba sus penas antes de ir a dormir, además de que estas no lo dejarían en paz, ese oscuro ser que lleva dentro emergería y le daría dos opciones: la primera, tan simple como ser atormentado por sus demonios, sin poder defenderse.
La segunda era oponerse a ellos, esperando a que un rallo de esperanza cruce la ventana o algo pase que nos haga darnos cuenta que esa oscuridad es efímera y pasajera, que al igual que cada día abre paso a la noche, la noche por más oscura que parezca simplemente es la antesala de un nuevo amanecer
Así, que el mejor consejo que podemos seguir es no tener miedo de bailar con nuestros demonios, demostrarle que no les tememos, sin embargo que les tenemos respeto, que somos consientes de nuestros errores, y que cual buen ser humano, siempre tendremos un oscuro miedo a la oscuridad de nuestro ser. Pero a su vez, siempre sentiremos una inmensa curiosidad, por saber, que ahí del otro lado del espejo